sábado, 13 de junio de 2015

Trenes encontrados

Lo supe desde el mismo momento que tomó asiento. Fue esa mirada, inconfundible, la que me reveló su presencia.

Se sentó enfrente en el mismo momento que el vagón cerraba sus puertas. Los nervios deberían haberse apoderado de mí pero, lejos de eso; sentí, una vez más, esa inmensa sensación de paz. Ella no me reconoció, impedí que lo hiciera.  

Habían pasado 30 años desde aquel día en el que ambos fuimos Trenes Perdidos que se cruzaron en sentido contrario. Por unos minutos, no más de tres estaciones, volvimos a ser lo que realmente somos: trenes encontrados.