sábado, 18 de julio de 2015

NEREA, EL CORTEJO FÚNEBRE

NEREA, EL CORTEJO FÚNEBRE

El cortejo avanzaba lentamente. Tras él, un puñado de almas aún ataviadas en sus cuerpos arrastraban
sus pies por el asfalto. Al fondo, los cipreses asomaban tras la tapia del cementerio intentando averiguar quién sería su próximo inquilino. El silencio roto por el sonido ambiente del motor del coche fúnebre al ralentí y una voz, en primer plano, rota, desgarrada, brotaba de los más profundo de su alma. Repetía, una y otra vez: "Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa".

De pronto, una nueva voz, casi un susurro en mis oídos de sobra conocido se interpuso en la escena:

- ¿Me recuerdas?

Me detuve, giré la cabeza y contesté:

- ¡Cómo podría olvidarte!

Me miró fijamente y de nuevo preguntó:

- ¿En qué piensas?

Esta vez fui yo quien, con la mirada fija en sus ojos; con tono firme, respondí:

- En por qué sentimos pena de los muertos que se mueren porque se quieren morir.



Óscar Aranda Sánchez


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