sábado, 18 de julio de 2015

Nerea, en medio de la nada.


En medio de la nada

El autobús paró, en medio de la nada, a eso de las cuatro de la mañana. Lentamente, bajaron cada uno de los pasajeros que se dirigían, sigilosos como sombras, hacia la estación de servicio. Seguí sus pasos y me adentré en un salón inmenso. Temí que el umbral de la puerta fuera una máquina del tiempo.

El salón estaba lleno de vida, los  clientes charlaban de manera animada con los camareros del local. Las máquinas de juego, repartidas por toda la estancia, intentaban captar la atención de los presentes con luces de todos los colores y sonidos estridentes. Nada indicaba que en ese lugar fueran las cuatro de la madrugada. Pedí una botella de agua y salí a la calle. Cerca, unos bancos y mesas de madera apenas alumbrados por la luz de la luna me aguardaban con la tranquilidad que necesitaba. Tomé asiento y miré al horizonte, no había nada. Giré la cabeza, a derecha y a izquierda y, nada, ni una sola luz artificial, nada reconocible en bastantes kilómetros a la redonda. Y allí, en medio de la nada, alejado de todas las fuerzas que, equilibradas, me atraen y repelen como imanes, sentí esa extraña sensación de paz. (...)

Nerea

Óscar Aranda Sánchez

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