jueves, 8 de diciembre de 2016

Adicción a la tristeza


ADICCIÓN A LA TRISTEZA

Mi nombre es Nerea y soy adicta, a la tristeza. La bebo a sorbos cada noche, la esnifo cada mañana y me la inyecto en vena todos y cada uno de los días de mi vida. Soy adicta, sí; lo reconozco. Pero ahora puedo decirlo en voz alta ante todos y cada uno de vosotros. Creí ser adicta al alcohol, a la nicotina y a otras sustancias, pero pronto descubrí mi afición por los recuerdos, la nostalgia, el volver a andar los pasos ya andados. Y, con todo ello, lo entendí, mi adición, a la tristeza.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Miedo

Me adentré cada noche en los lugares más recónditos. Esperé paciente la campanada que anunciaba la salida de los monstruos.

Fingí estar dormido para contemplar sus afiliados dientes, sus aterradoras garras, sus miradas inquisidores, amenazantes.

Miré a todos esos monstruos de frente, los vi la cara, los quité la sábana y seguí haciéndome el dormido en cada visita, en cada cita, en cada noche.

Y vi sus colmillos mellados y sus garras débiles e indefensas. Abrí la ventana y la noche salió de mi habitación y dejó paso a un nuevo amanecer, una nueva luz, un nuevo día.

Y fue entonces cuando una frase resonó en mi mente. Ya, no, tengo: miedo.

jueves, 4 de agosto de 2016

Su último suspiro

Llegué a mi último adiós con una gota de vida. Emprendí el rumbo reparando en un reducido número de personas. Cada uno de ellos arrojó una imagen, una fotografía, una instantánea que resumía mi vida en su vida. Mi pensamiento escribió un pie de foto en cada una de ellas. Al llegar a ellos brotaron dos palabras: "Mi vida". Después, busqué a quien bebiera mi último aliento y me hiciera perder el miedo a la muerte. Y allí, como siempre, me esperaba ella, dispuesta a entregar a cambio de nada aquello que no le pidiera pero siempre adivinaba.